Fotografías divulgadas tras una requisa en La Reforma generan denuncias de maltrato. El OIJ investiga y el Ministerio de Justicia niega agresiones.
ALAJUELA, COSTA RICA — Fotografías difundidas tras una requisa en La Reforma muestran a privados de libertad boca abajo. Una asociación denuncia agresiones, mientras Justicia las niega y el OIJ investiga.
La divulgación de fotografías tomadas presuntamente durante un operativo penitenciario realizado el viernes 9 de octubre de 2026 en la cárcel Jorge Arturo Montero Castro, conocida como La Reforma, abrió un nuevo capítulo en las denuncias sobre posibles agresiones contra personas privadas de libertad.
Las imágenes fueron presentadas por Rafael Ángel García Cordero, representante de la Asociación Ayudando a los Privados de Libertad y sus Familias, quien sostiene que los reclusos fueron sometidos a procedimientos humillantes durante una intervención en la que participó el ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar Vargas.
El material muestra a varios hombres tendidos boca abajo sobre el suelo. Sin embargo, las fotografías, por sí solas, no permiten establecer cuánto tiempo permanecieron en esa posición ni confirmar las agresiones físicas denunciadas.
El Ministerio de Justicia rechaza los señalamientos y asegura que se trató de una requisa rutinaria. Entretanto, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y el Ministerio Público investigan lo ocurrido.
Asociación denuncia que reclusos permanecieron durante horas en el suelo
García Cordero afirmó que el procedimiento se desarrolló en sectores de mínima seguridad del establecimiento penitenciario, ubicado en San Rafael de Alajuela.
Según su versión, decenas de personas privadas de libertad fueron obligadas a acostarse boca abajo y permanecer aproximadamente tres horas con el rostro contra el pavimento mojado.
El representante explicó que recibió las fotografías de una persona vinculada con la seguridad del centro penitenciario, cuya identidad no reveló públicamente.
Aseguró que la fuente decidió compartir el material porque no estaba de acuerdo con las actuaciones atribuidas a las autoridades durante la intervención.
La asociación considera que los hechos denunciados podrían constituir vulneraciones de los derechos fundamentales de la población penitenciaria.
García anunció su intención de presentar gestiones ante la Sala Constitucional, la Defensoría de los Habitantes y las autoridades judiciales.
No obstante, el anuncio de esas acciones no confirma que todas hayan sido formalmente presentadas o admitidas.
Problemas con la alimentación habrían precedido al operativo
Una de las versiones divulgadas por la asociación señala que la situación comenzó con un desacuerdo relacionado con la distribución del almuerzo.
García afirmó que en uno de los sectores penitenciarios se encontraban aproximadamente 220 personas, pero que la comida distribuida habría sido suficiente únicamente para 200.
De acuerdo con ese relato, unos 20 privados de libertad quedaron sin recibir alimentos, situación que habría generado reclamos dentro del pabellón.
El representante sostuvo que, después de esas reclamaciones, ingresaron funcionarios de seguridad y se ordenó a los reclusos colocarse en el suelo.
También denunció que algunas personas habrían recibido patadas y presión con los zapatos sobre la cabeza para impedirles levantar el rostro.
Estas acusaciones requieren comprobación mediante testimonios directos, registros institucionales, valoraciones médicas y otras evidencias que puedan incorporarse a la investigación.
Por su parte, el ministro de Justicia ha señalado que las autoridades atendieron una situación relacionada con la negativa de un grupo de reclusos a recibir alimentos.
Las versiones presentan diferencias importantes sobre el origen del conflicto y la forma en que se desarrolló la intervención.
Familiares relatan presuntos golpes y humillaciones
Las fotografías se divulgaron después de que familiares de privados de libertad denunciaran supuestos episodios de violencia durante el mismo operativo.
Alejandra Varela, madre de uno de los internos, afirmó que su hijo le relató haber presenciado agresiones y humillaciones.
Según su testimonio, algunas personas habrían recibido golpes con implementos policiales y patadas mientras permanecían en el suelo.
La mujer también aseguró que los funcionarios habrían obligado a varios reclusos a rezar el Padrenuestro.
Otros testimonios publicados sobre el caso incluyen señalamientos de presuntas lesiones físicas y cuestionamientos por la atención médica brindada después de la intervención.
Estas declaraciones forman parte de las denuncias conocidas públicamente, pero no equivalen a una determinación judicial sobre la responsabilidad de las personas señaladas.
La investigación deberá establecer cuáles de los hechos denunciados ocurrieron, quiénes participaron y si existieron actuaciones contrarias a la legislación.
Ministerio de Justicia sostiene que fue una requisa de rutina
El ministro Gabriel Aguilar Vargas rechazó públicamente las acusaciones de agresiones y maltratos.
Según la versión oficial, el operativo se realizó con participación de la Policía Penitenciaria y autoridades del Ministerio de Seguridad Pública.
La institución indicó que durante el procedimiento se utilizaron equipos de inspección para localizar objetos prohibidos y se decomisaron armas punzocortantes.
Aguilar también vinculó las denuncias con las tensiones existentes dentro de la población penitenciaria ante cambios previstos en el sistema de reclusión.
La Dirección General de Adaptación Social rechazó que se hubieran ejecutado prácticas constitutivas de tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Las autoridades también desmintieron versiones que circularon sobre la supuesta muerte de un privado de libertad durante los hechos.
La existencia de un operativo de seguridad y el decomiso de objetos prohibidos no resuelven, por sí mismos, las denuncias sobre el uso de la fuerza.
Ambos aspectos deben examinarse de manera independiente para determinar si las actuaciones se ajustaron a los procedimientos aplicables.
Fiscalía General dirige las investigaciones
El OIJ confirmó la apertura de una investigación relacionada con los hechos ocurridos en La Reforma.
Las diligencias se desarrollan bajo la dirección funcional del fiscal general de la República, Carlo Díaz, debido a que entre las personas mencionadas en las denuncias figura un integrante de los Supremos Poderes.
La investigación busca esclarecer las circunstancias del operativo y determinar si existieron conductas que puedan constituir delitos.
Entre los elementos relevantes para el esclarecimiento de los hechos figuran las declaraciones de los privados de libertad, los informes de los funcionarios participantes, los registros de ingreso y salida, las fotografías y las eventuales valoraciones médico-forenses.
También resulta importante establecer la secuencia temporal de la intervención y las instrucciones impartidas a los equipos de seguridad.
La apertura de una investigación penal no constituye una declaración de culpabilidad.
Cualquier responsabilidad individual deberá determinarse mediante el procedimiento correspondiente y con respeto al debido proceso.
Derechos de los privados de libertad también rigen durante las requisas
Las autoridades penitenciarias tienen facultades para efectuar inspecciones, decomisar objetos prohibidos y adoptar medidas destinadas a preservar el orden y la seguridad de los establecimientos.
Sin embargo, esas competencias deben ejercerse dentro de los límites establecidos por el ordenamiento jurídico.
El artículo 40 de la Constitución Política de Costa Rica prohíbe los tratamientos crueles o degradantes.
Esa protección alcanza también a las personas que cumplen penas de prisión o permanecen privadas de libertad por disposición judicial.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos reconoce igualmente el derecho de toda persona privada de libertad a recibir un trato respetuoso de su dignidad.
Por eso, el análisis jurídico de una requisa no depende exclusivamente de que exista una justificación de seguridad.
También deben examinarse la necesidad de las medidas utilizadas, su proporcionalidad, las condiciones en que se aplicaron y sus posibles consecuencias sobre la integridad de los internos.
Mantener temporalmente a personas bajo control durante una inspección no demuestra automáticamente la existencia de un delito. Sin embargo, las denuncias de golpes, humillaciones o sometimiento prolongado a condiciones degradantes requieren una investigación rigurosa.
Fotografías y testimonios deberán contrastarse con otras pruebas
Uno de los principales desafíos de la investigación será establecer qué demuestran realmente las imágenes divulgadas.
Las fotografías permiten observar determinadas posiciones corporales y condiciones del entorno, pero no necesariamente documentan los acontecimientos anteriores o posteriores al momento de su captura.
Para valorar adecuadamente su contenido, será importante determinar su procedencia, autenticidad, fecha, ubicación y relación con los testimonios recibidos.
También será necesario establecer si existen grabaciones adicionales o documentos institucionales que permitan reconstruir el desarrollo del operativo.
La coincidencia entre distintas declaraciones puede aportar elementos relevantes, pero las autoridades deberán verificar cada señalamiento mediante las diligencias correspondientes.
Mientras continúa la investigación, el caso plantea preguntas sobre los controles aplicados durante los operativos penitenciarios y los mecanismos disponibles para denunciar posibles abusos.
Las autoridades judiciales tendrán la responsabilidad de esclarecer los hechos, mientras que el Ministerio de Justicia mantiene su rechazo a las acusaciones.
Por ahora, las fotografías divulgadas constituyen un elemento de interés dentro de una controversia que todavía no cuenta con una resolución judicial definitiva.

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