Costa Rica reunió expertos de la OCDE para debatir productividad, empleo, inversión, infraestructura, habilidades y brechas entre empresas
SAN JOSÉ, COSTA RICA — Expertos y responsables de política pública analizaron en Costa Rica cómo cerrar brechas de productividad y extender sus beneficios a más empresas, sectores y trabajadores. Hoy.
Costa Rica se convirtió durante dos días en punto de encuentro para una discusión que va mucho más allá de cuánto crece una economía: cómo conseguir que empresas, trabajadores y sectores aprovechen mejor sus recursos y que las ganancias de productividad alcancen a una porción más amplia de la sociedad.
La Conferencia Anual 2026 del Foro Global de Productividad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se realizó el 5 y 6 de octubre en San José, organizada conjuntamente con el Banco Central de Costa Rica (BCCR).
Bajo el lema “De las brechas al crecimiento”, responsables de políticas públicas, investigadores y especialistas de distintos países abordaron las diferencias de productividad que persisten dentro de las economías y las herramientas disponibles para reducirlas.
Las discusiones incluyeron la asignación de recursos productivos, inversión extranjera directa, habilidades de la fuerza laboral, infraestructura y utilización de datos para diseñar políticas públicas. Esos asuntos adquieren especial importancia para Costa Rica porque el desempeño agregado puede ocultar diferencias significativas entre empresas, actividades y grupos de trabajadores.
El desafío es llevar las ganancias a más empresas y sectores
El presidente del Banco Central, Róger Madrigal, planteó durante la apertura uno de los principales retos que enfrenta el país: conseguir que las mejoras de productividad no permanezcan concentradas en determinadas actividades.
Madrigal vinculó la productividad con la capacidad de una economía para utilizar eficientemente sus recursos, generar valor y sostener mejoras en inversión, innovación, ingresos y nivel de vida.
La discusión resulta particularmente relevante en una economía como la costarricense, donde pueden coexistir empresas altamente integradas a mercados internacionales con otras que tienen menores posibilidades de inversión, innovación, capacitación o incorporación de tecnología.
Esa diferencia ayuda a entender por qué un aumento de la inversión o el buen desempeño de determinadas actividades no se traduce necesariamente, por sí solo, en una mejora uniforme de la productividad nacional.
La OCDE ha señalado en sus análisis de 2026 que Costa Rica avanza gradualmente en reducir la brecha de producto por habitante respecto de las economías de mayores ingresos de la organización, pero sus niveles de productividad continúan siendo relativamente bajos.
El organismo también identifica un efecto relevante de la inversión extranjera directa después de la pandemia: contribuyó a generar empleos formales de alta productividad. Sin embargo, ese impulso coexistió con una menor participación laboral y un estancamiento del empleo agregado, factores que limitaron su impacto sobre el desempeño general.
Esto convierte la extensión de las ganancias productivas en un problema de alcance nacional. No basta con que exista un grupo de compañías capaces de competir en actividades de elevada productividad si una parte considerable del tejido empresarial queda rezagada.
Habilidades e infraestructura entran en la ecuación
La conferencia no redujo el problema a la tecnología. La agenda incorporó elementos que condicionan la capacidad de empresas y trabajadores para producir más valor, entre ellos las habilidades laborales y la infraestructura.
En su evaluación más reciente sobre las bases para el crecimiento y la competitividad, la OCDE identifica precisamente el desajuste entre las capacidades requeridas por el sector privado y las disponibles en el mercado laboral como uno de los espacios en los que Costa Rica puede actuar para elevar la productividad.
Esa brecha tiene consecuencias prácticas. Una empresa puede disponer de capital y oportunidades de expansión, pero enfrentar dificultades para aprovecharlas si no encuentra trabajadores con las competencias necesarias. Del otro lado, las personas pueden quedar fuera de empleos de mayor productividad cuando su formación no coincide con las necesidades de las actividades que están creciendo.
La infraestructura constituye otra pieza del mismo rompecabezas. Problemas de transporte y conectividad aumentan costos y reducen la capacidad de las empresas para movilizar trabajadores, insumos y productos de manera eficiente.
La OCDE ha señalado que Costa Rica mantiene brechas importantes en infraestructura de transporte y considera necesario fortalecer tanto la inversión como la capacidad institucional para ejecutar proyectos. La conectividad digital aparece igualmente entre las áreas capaces de incidir sobre el desarrollo económico y reducir diferencias regionales.
Vista desde esa perspectiva, la productividad no depende de una única política. Educación, capacitación, transporte, digitalización, inversión y funcionamiento de los mercados interactúan y pueden determinar qué empresas tienen condiciones para innovar y cuáles encuentran mayores obstáculos.
Inteligencia artificial abre oportunidades y nuevos riesgos
Stefano Scarpetta, economista jefe de la OCDE, introdujo durante la apertura dos fuerzas que están modificando la discusión internacional sobre productividad: el cambio demográfico y la inteligencia artificial.
Una población que envejece hace más importante conseguir mayores niveles de productividad, mientras que las nuevas herramientas de inteligencia artificial ofrecen posibilidades para acelerar ese avance. Sin embargo, su adopción tampoco garantiza que los beneficios se distribuyan de manera uniforme.
Scarpetta advirtió que la inteligencia artificial puede ampliar las diferencias de desempeño entre empresas. El riesgo es especialmente relevante cuando algunas organizaciones cuentan con capital, personal especializado, datos y capacidad de transformación suficientes para incorporar rápidamente nuevas tecnologías, mientras otras enfrentan mayores barreras.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en promover la adopción tecnológica, sino en crear condiciones para que las herramientas capaces de elevar la eficiencia lleguen a un universo empresarial más amplio.
Para Costa Rica, esta discusión enlaza la transformación tecnológica con la capacitación laboral. La tecnología puede aumentar la productividad de una empresa, pero también modifica las habilidades que necesita de sus trabajadores. Si la formación no evoluciona al mismo ritmo, la innovación puede convivir con dificultades para cubrir puestos especializados.
La inversión extranjera plantea el reto de ampliar sus beneficios
La inversión extranjera directa ocupó también un espacio en las discusiones de la conferencia. Su importancia para Costa Rica trasciende la entrada de capital: puede incorporar conocimiento, tecnología, procesos productivos y empleos de mayor productividad.
La evidencia reciente presentada por la OCDE muestra que la inversión posterior a la pandemia, impulsada en buena medida por capital extranjero, contribuyó a la creación de puestos formales de alta productividad.
El paso siguiente consiste en conseguir que esas capacidades tengan efectos más amplios sobre el resto de la economía. La discusión sobre productividad obliga así a observar las conexiones entre empresas, la disponibilidad de talento, los proveedores locales y la capacidad de incorporar nuevas tecnologías.
Cuanto mayores sean las oportunidades para que compañías nacionales desarrollen capacidades, mejoren procesos y se integren a actividades de mayor valor, mayor puede ser el alcance de las ganancias productivas.
Esa lógica explica por qué la asignación eficiente de recursos fue otro de los asuntos tratados durante las jornadas. Capital, trabajo y conocimiento generan resultados distintos dependiendo de dónde y cómo se utilizan. Las barreras que impiden su desplazamiento hacia actividades más productivas pueden limitar el crecimiento potencial de una economía.
Más participación laboral también puede elevar el potencial económico
El análisis de productividad tampoco puede separarse del número de personas que participan efectivamente en el mercado laboral.
La OCDE ha señalado que tanto la participación laboral como la tasa de empleo de Costa Rica permanecen por debajo de las registradas en el grupo superior de economías de la organización. Entre sus recomendaciones aparece mejorar el acceso a servicios de educación y cuidado de la primera infancia para facilitar una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo.
Este elemento amplía la discusión. Mejorar la productividad significa obtener más valor de los recursos disponibles, pero el potencial económico también depende de cuántas personas pueden incorporarse al empleo y desarrollar plenamente sus capacidades.
Las políticas de formación, cuidado, infraestructura y digitalización dejan entonces de ser asuntos aislados. Todas pueden afectar, por canales diferentes, la disponibilidad de talento y la eficiencia con que empresas y trabajadores participan en la economía.
Costa Rica puso sus desafíos frente a la experiencia internacional
La conferencia permitió contrastar los problemas nacionales con experiencias y evidencia procedentes de otros países. Ese intercambio constituye precisamente una de las funciones del Foro Global de Productividad.
Creado en 2015, el foro funciona como plataforma de cooperación para compartir datos, investigación y prácticas de política pública. Su trabajo se ha concentrado durante la última década en comprender las causas de la desaceleración de la productividad y en estudiar ámbitos como capital humano, transformación tecnológica, dinamismo empresarial, internacionalización y marcos institucionales.
La celebración del encuentro en San José coloca a Costa Rica dentro de esa discusión internacional en un momento en que la productividad adquiere un peso creciente frente a transformaciones demográficas y tecnológicas.
El desafío que emerge de las dos jornadas no se limita a producir más. Consiste en crear condiciones para que trabajadores y empresas de distintos tamaños puedan incorporar conocimiento, tecnología y mejores procesos, mientras el país reduce obstáculos en infraestructura, formación y participación laboral.
Concluida la conferencia del 5 y 6 de octubre, las discusiones dejan una pregunta de política económica especialmente relevante para Costa Rica: cómo transformar los avances de sus actividades más productivas en capacidades que alcancen progresivamente a una parte mayor de su economía.

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